Historia de la independencia de Bélgica

Bruselas

Después de producirse la unificación de Brogoña y Brabante, la ciudad de Bruselas fue la elegida como capital, hasta que llegado el año 1477, pasó a depender del Imperio Español y a ser la sede gubernativa de Flandes.

A mediados del siglo XVI, Felipe II, rey de España, envía al Duque de Alba para acallar y reprimir las voces disidentes con los políticos y religiosos, que habían sembrado el desconcierto mediante conflictos por todo el territorio de Flandes. El duque de Alba cumplió esta misión de forma tan impecable como implacable.

Cuando se juzgó a los disidentes políticos y a los herejes (en el Tribunal de la Sangre), el descontento por dichos juicios recorrió la provincia, convirtiéndose en una de las chispas que desencadenaron la Guerra de los 80 años. A principios del siglo XVII se produjo la separación de las Provincias Unidas del Norte, aunque Bruselas continuó  con su papel de capital, esta vez de los Países Bajos españoles.

Con la rebelión de Guillermo de Orange contra las fuerzas españolas, apoyado por los piratas (también conocidos como gueux), la ciudad de Bruselas se puso a su favor, en aras de la independencia. Pero esto costaría caro a Bruselas, puesto que el periodo de inestabilidad en sus relaciones con España llevó a la ciudad prácticamente a la ruina económica. Un periodo que finalizó con la ascensión al poder de la hija de Felipe II, la infanta Isabel, esposa de Alberto de Austria. Con la llegada del tratado de Utrecht en 1713, Bruselas pasa de manos españolas a estar bajo el gobierno de Austria.

En el año 1789 se produce la rebelión de los belgas contra la dominación austriaca, proclamando así la fundación de los nuevos Estados Belgas Unidos. Tristemente, este periodo de independencia se vio truncado en 1795 con la llegada e invasión de Napoleón, esta vez pasaría a manos de la corona francesa hasta el año 1814.

Con la derrota en Waterloo de Napoleón en el año 1815, Bruselas pasó a formar parte del incipiente reino de los Países Bajos, cuyas bases se sentaron en el Congreso de Viena. Sólo 15 años más tarde, los belgas se rebelan nuevamente, reclamando y consiguiendo su independencia el 15 de Agosto de 1830, bajo el liderazgo de su primer monarca, Leopoldo I. La capital del nuevo reino seguirá siendo Bruselas.

Desde entonces, la ciudad de Bruselas ha experimentado un crecimiento constante, llegando a ser no sólo la capital de Bélgica, sino también la de la Unión Europea.

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